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Minimalismo, o de como convertirse en piedra me salvó

He estado releyendo Tuareg, de Alberto Vázquez-Figueroa. La primera vez que lo leí fue hace unos 15 años o más, en la vieja casa de Tuxtla y ahora y entonces, lo que más me atrajo y me pareció asombroso es la capacidad que el noble inmouchar Gacel Sayah, protagonista de esta novela, tiene para sobrevivir en las condiciones más adversas en lo más profundo del desierto del Sáhara. 
 
En un momento de la historia, Gacel le dice a su prisionero/protegido, Abdul-el-Kebir, lo siguiente:
—Deja de moverte. Tienes que permanecer quieto. Como los camellos. Como yo. Deja que tu corazón se serene y trabaje lentamente y que tus pulmones tomen el mínimo de aire que necesiten. No pienses en nada.

Esa parte siempre me hace pensar en los más recientes años de mi vida, en los que para sobrevivir tuve que convertirme en una piedra:

En la «tierra vacía» no había que ser héroe de carne, sino piedra sin sangre, porque las piedras eran las únicas que lograban pasar a formar parte del paisaje.

A punto de quedar en la pobreza durante esta pandemia, o más bien porque caí en ella, tuve que recurrir a la austeridad casi absoluta para poder continuar adelante en este duro camino, en mi propia Tikdabra

Como el protagonista, pude salir de esa «tierra vacía», lo cual me dejó como lección y casi ley esa austeridad que espero me caracterice de ahora en adelante, porque siempre he creído que mientras menos cosas tengas, menos eres esclavo de las cosas que tengas. 

El minimalismo como forma de vida es una reacción o alternativa a ese consumismo que ha acechado en las últimas décadas y que además ha sido parte muy importante de la paulatina destrucción de este planeta. Es por lo mismo que me he vuelto vegano/vegetariano en los últimos 3 años.

Además, otro atractivo que el minimalismo y el veganismo tienen para mí, es ese acercamiento a mi lado espiritual que tanto he dejado de lado en los últimos años y que perdí en parte por las mismas situaciones que me llevaron a esa pobreza. La conciencia social es un tema que tiene un gran atractivo para mí. La reducción del consumo de recursos naturales, menos contaminación, menor consumo de energía, etc. Todos esos ideales representan una gran inquietud que ha ido creciendo dentro de mí y por lo que he visto, en las nuevas generaciones.

Esa idea de que en el minimalismo se puede encontrar la clave de la felicidad, al enfocarme en lo que realmente importa y dejar de lado lo que no me hace realmente sentir bien, lo que me distrae de vivir una vida más plena; es la que me atrae profundamente en estos últimos años. Vivir una vida sin lugar a la insatisfacción es mi meta y creo que el minimalismo es una clave importante en ese aspecto. 

Al final, perderlo todo fue la clave en mi vida para recuperarlo y vivir la vida con más ganas. Y vivirla mejor.

俳句

Hay una calma tensa.

Caen gotas del cielo,

la tormenta ya viene.

Lluvia en Ciudad Juárez

Hoy hizo un calor impresionante, como todos estos días. El termómetro ambiental marcaba 30° a las 9 pm en este sábado pre-domingo de elecciones en el país.  Encerrado en la habitación del hotel, con el aire acondicionado a todo lo que da, de pronto sentí el inconfundible petricor (que es el aroma de las primeras gotas de lluvia cuando caen sobre un suelo seco).* 

Salí a esperar la lluvia que amenazaba caer sobre Ciudad Juárez. Disfruté de ese silencio que la antecede. Parece que antes de llover, la tierra se prepara, los árboles se mueven ansiosos sacudiéndose y anhelando las primeras gotas. No pasaban carros, no se oían gritos y todo estaba como esperando la majestuosidad de la lluvia. Todo incluso yo. Comenzó a caer una copiosa y agradable lluvia. Entré a la habitación, apagué la luz, cerré todo y caminé al oxxo más cercano por un café requemado, un sandwich reseco y sin sabor y una botella de agua. Disfruté mucho de la caminata y del aroma de aquélla tierra húmeda y las gotas resbalando por las hojas de los árboles.

Cuando salí del oxxo ya no llovía, se escuchaba nuevamente el ir y venir de los coches, el olor a gasolina quemada y smog se apoderó del ambiente. Nada bueno dura mucho tiempo, pero al menos regresé al hotel refrescado y con una sonrisa a continuar con mi trabajo.


No volveré

fuimos nubes que el viento apartó, fuimos piedras que siempre chocamos,  gotas de agua que el sol resecó, borrachera que no terminamos..   en el tren de la ausencia me voy,  mi boleto no tiene regreso,  lo que quieras de mi te lo doy,  pero no te devuelvo tus besos..

1964

I
 Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
 Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines.
Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.

 Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor.
Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días.
 Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca,
pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra.

 II
 Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
 Hay tantas otras cosas en el mundo; un instante cualquiera es más profundo y diverso que el mar.
 La vida es corta y aunque las horas son tan largas,
una oscura maravilla nos acecha, la muerte, ese otro mar,
esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna y del amor.

La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada;
 lo que era todo tiene que ser nada.
 Sólo que me queda el goce de estar triste, esa vana costumbre que me inclina al Sur, 
a cierta puerta, a cierta esquina.

Jorge Luis Borges, 1964