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El abrazo

- Dame un abrazo fuerte.-le dijo-.

Él se sentía muy triste, muy vacío, muy sólo aquel día de otoño. Acababa de regresar de dar una vuelta alrededor de la laguna. El sonido del viento acariciando los pinos y rizando el agua había vulnerado lo más recóndito de su soledad.

El hecho de saber que la dejaría sola para irse de viaje por tanto tiempo lo hacía sentirse oprimido.

Entonces, cuando se encontraron y le pidió que lo abrazara, ella lo tomó en sus brazos y le dió el abrazo más tierno, más suave, pero al mismo tiempo el más fuerte que le habían dado en su vida. Con ese abrazo logró romper el vacío oscuro que había estado creciendo desde el inicio del día.

Lo dejó sin aire por un momento y cuando pudo volver a respirar, tomó aire puro de su aliento... y le devolvió las fuerzas que necesitaba para dejarla sola una vez más.

Una vez más ella tenía que asumir la realidad de quedarse sola. Aunque esta vez no podría apoyarse en él. Él soltó un gemido y las primeras lágrimas que soltaba en mucho tiempo, que se mezclaron con las de ella.

La despedida

Subió la sierra cantando corridos norteños a viva voz. Estaba contento porque la volvería a ver.

Pero los días pasaron demasiado rápido, como siempre que se veían. En el momento de la despedida ella comenzó a llorar. El nunca lloraba, solamente cuando la veía a ella hacerlo.

"Cada vez que nos volvemos a ver me es más difícil dejarte ir. Sufro mucho cada vez que te vas". Las lágrimas de los dos se mezclaron en sus labios.

Cuando iba bajando de la sierra lloró a su modo: Comiéndose la carretera a máxima velocidad, con las ventanas abiertas para sentir el viento frío en su cara y escuchando canciones tristes. Bajó de la niebla a la costa en 5 horas, llegó al anochecer.

Un viaje musical

…la ópera está aquí, en mi cabeza. La oigo pero nunca la escribiré. Se ha terminado. Ya no puedo escribir mi música.❞
Maurice Ravel, al aceptar su Isquemia Cerebral.


Talvez recordaba los hermosos campos de la Siebengebirge o la ribera del Rhine, en su natal Bonn. Talvez componía en cierta manera preocupado por su creciente sordera. Talvez tenía en la mente alguna sinfonía de Mozart. Talvez, en su cerebro, más agil e integrado que el de la mayoría de los humanos, miles de nervios se comunicaban mediante impulsos eléctricos produciendo señales entre ambos hemisferios mientras unía notas imaginarias y formaba acordes. En su mente se formaban elaboradas construcciones musicales.

En ese momento la música solo existía en su imaginación. Beethoven comenzó a escribir con su pluma mojada en tinta, sobre un pentagrama. Primero la clave de sol y la de fa, luego la primera nota y la segunda... y la música pasó de ser imaginaria a ser abstraída sobre un papel. Compuso la parte de los violines y la del chelo y la de la viola, y todo embonaba perfectamente. Sonrió al terminar. Y luego envió la obra terminada al conservatorio.

Dentro de la mente de los músicos los compases viajaron a través de kilómetros de nervios en fracciones de segundo, se generaron miles de impulsos eléctricos y cuando la comprendieron, a través de sus brazos fluyó la energía cinética e hicieron vibrar las cuerdas del instrumento. Esa vibración pasó a una caja de resonancia que amplificó las vibraciones y al fin, en una combinación única de sonidos y silencios, se convirtieron en música. Las bellas notas y acordes músicales, se conjugaron con las de los otros instrumentos de cuerda y formaron una melodía. Esa noche, la audiencia que escuchó por primera vez el Cuarteto de Cuerdas No. 1 en Fa, aplaudió ampliamente.

Siglos después, un cuarteto de cuerdas decidió grabar ese prodigio musical. En el estudio de grabación, los instrumentos de cuerda (violines, viola y violonchelo) se hicieron vibrar a una orden y las notas viajaron a 1224 km por hora a través de ondas sonoras, hasta los micrófonos que captaron esas vibraciones y las convirtieron en una onda eléctrica analógica senoidal de igual intensidad, tono, timbre, frecuencia y forma gráfica que el sonido de los instrumentos.

Estas ondas de audiofrecuencia pasaron a través de un conversor analógico-digital, que convirtió las señales eléctricas en señales digitales, codificadas en valores numéricos binarios, en "ceros" y "unos". Los ceros y unos se fueron convirtiendo en pozos y salientes mediante un diodo láser que fue grabando con su luz enfocada en la base de policarbonato del disco compacto. Estos huecos se fueron grabando en una espiral desde el centro del disco hacia su parte externa, hasta que el CD registró la música de los cuatro movimientos de un cuarteto de cuerdas convertida en ceros y unos.

El CD fue lanzado a su distribución alrededor del mundo, pasó por muchas manos y tiendas hasta que alguien en algún lugar del planeta lo compró. Lo sacó de su envoltura y disfrutó el momento de colocarlo en su reproductor de CDs. El reproductor de CDs activó un rayo láser que reflejó su luz sobre la capa de aluminio reflectante, mediante una serie de lentes y espejos para enviar la señal del disco compacto a un fotodiodo receptor. Éste envió la señal digital al conversor digital-analógico, que convirtió la señal en una señal eléctrica que fue enviada a las bocinas del reproductor, produciéndose el milagro de la música.

Unos días después, la música sufrió una transformación más. El contenido digital del disco fue codificado para convertirse en un archivo MP3. La computadora reconoció la señal digital que el CD enviaba y mediante un códec, le fue quitando los sonidos inaudibles y los fue codificando con menor tamaño o eliminándolos. Al final quedó un archivo MP3 con un tamaño mucho menor al del archivo en el CD, que fue publicado en un servidor de información, en Europa.

Hoy por la mañana estaba buscando música de Beethoven cuando ví el título: Cuarteto de cuerdas no. 1 en Fa y lo comencé a descargar. Mi computadora envió una petición al servidor ubicado en Inglaterra. El servidor aceptó la conexión y envió el archivo a otro servidor y a otro y a otro. El archivo viajó por miles de kilómetros a una enorme velocidad a través de un cable submarino, hasta llegar a un servidor en los Estados Unidos, el cual envió el archivo hasta un servidor cercano a mi oficina, desde donde llegó hasta mí, convertido en un archivo binario guardado en mi computadora. Después el archivo pasó a mi teléfono a través de un cable USB.

Cuando salí del trabajo me puse los audífonos, busqué el archivo en la memoria y lo reproduje. El archivo fue decodificado y convertido por el conversor digital-analógico de mi teléfono en ondas senoidales que se transmitieron a través del cable de los audífonos. Los audífonos las amplificaron, las procesaron y las convirtieron nuevamente en presión sonora, que yo pude escuchar.

Las ondas llegaron a mis oídos y a la cóclea, en donde tocaron unas células que descompusieron el sonido de las notas musicales en las frecuencias que lo constituyen. Cada una de ellas afinada para responder de forma óptima a una nota o frecuencia concreta. La curva de afinación de una célula se solapó con la curva de las células vecinas de modo que no quedaron huecos en la percepción del espectro acústico. Esta información se transmitió a lo largo de fibras del nervio auditivo, hasta la corteza cerebral. La música estimuló conexiones neuronales y una vez en mi cerebro, el sistema reticular activador o SRA fue vital para regular mi nivel de excitación.

La música, que había viajado a través de tanto tiempo, al fin llegó a su destino final: la mente de una persona. Tantos medios de transmisión y tantos métodos de codificación e interpretación tuvieron un final. La música me hizo vivir el presente de una forma única, me hizo ver las cosas de una forma mucho mejor. Una vez más, la música viajó, esta vez imaginariamente en mi mente, salí a través de la ventana del microbus en donde viajaba y la música me hizo volar en el aire, hacia el sol. Me hizo sentir el viento en la cara y me hizo feliz. Como solamente el milagro de la música, el único idioma posible puede hacerlo.

Dedicado a mi padre, quien me inculcó el gusto por la buena música.

Referencias

http://www.luciernaga-clap.com.ar/articulosrevistas/28_musicaycerebro.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Ludwig_van_Beethoven
http://aam.blogcindario.com/2009/03/01702-l-van-beethoven-cuarteto-de-cuerda-n-1-en-fa-mayor-op-18-1.html
http://www.youtube.com/watch?v=7Gp-dvO4WfM
http://www.youtube.com/watch?v=gSm_hK1TzGc&feature=related
http://www.metacafe.com/watch/852260/conferencia_cerebro_y_m_sica_con_el_cient_fico_rodolfo_llin_s/
http://es.wikipedia.org/wiki/Sonido
http://www.asifunciona.com/electronica/af_conv_ad/conv_ad_1.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Grabaci%C3%B3n_%C3%B3ptica_digital
http://en.wikipedia.org/wiki/MP3
http://www.consumer.es/web/es/tecnologia/internet/2008/04/22/176048.php
http://farm3.static.flickr.com/2268/2236276483_8c9e6a9529_o.jpg

De Comitán, la aduana y la resignación

El jueves fue un día un poco extraño para mí:



Estando en el Ingenio Pujiltic tenía que enviar un paquete al estado de Jalisco y pensé que yendo a Comitán en vez de a Tuxtla, me ahorraría además de tiempo, algún dinero. Que equivocado estaba..

Salí de Pujiltic como a la 1 pm. Llegando a Comitán me propuse a caminar hasta el centro de la ciudad, donde según yo estaba la paquetería en cuestión. Caminé como 10 cuadras mientras silbaba la tonada de "Comitán". Al llegar al centro y preguntar me dijeron que en realidad la paquetería estaba a una cuadra de donde me había bajado del microbus.

Después de resignarme y de respirar un poco, decidí caminar nuevamente ahora en dirección contraria, ya sin ánimos de silbar nada. Al fin, llegué a la paquetería y cuando todavía estaba resoplando y jadeando por la caminata cuesta arriba, la señorita me atajó con la pregunta: "¿Ya lo llevó usted a la aduana?" Resulta que al ser una ciudad fronteriza, el paquete debía ser revisado en una oficina de la aduana de la ciudad antes de su traslado a cualquier parte del país.

Con renovada resignación me dirigí al centro de la ciudad, donde me ocurrió la parte más curiosa de mi recorrido. Al llegar al Parque Central, me dirigí a un policía que estaba en la esquina cumpliendo sus labores. Antes de que pudiera preguntarle algo, se dirigió a mí: "¿Puedo ayudarlo en algo, joven?", a lo que respondí con la pregunta de en dónde se encontraba la aduana. El policía me indicó que el me acompañaba y en seguida nos pusimos en camino. Lo que me sorprendió mucho fue la amabilidad de su trato y la gallardía con la que portaba el uniforme. "Somos policías turísticos" me dijo y después de preguntarme por mi origen me comenzó a explicar que en la ciudad de Comitán tenían los bancos A, B y C, los restaurantes O, P y Q y los museos X, Y y Z, y un sin fín de explicaciones turísticas que casi no escuché porque yo estaba realmente admirado de la buena disposición del joven policía - tendría a lo mucho 30 años-.

En fin, llegando a la dichosa aduana resultó que estaba cerrada y cuando ya estaba pensando en regresar derrotado a Pujiltic y volver al otro día, el poli me dijo casi con voz y tono de superhéroe: "Permítame, iré a tocar a la puerta". El velador salió y nos dijo que a las 4 pm regresaban de comer y que me trajera una copia de mi credencial para hacer el trámite que estaba solicitando. Mi poli-héroe aún tuvo la amabilidad de llevarme a una papelería para que sacara las copias y comenzó a buscar entre sus cosas. Dentro de mí pensé que sería el colmo si me diera unas monedas para las copias pero en realidad sacó un croquis de la ciudad y otro de los puntos de interés cercanos a ella, pues "me podrían ser de mucha utilidad". Se despidió de mí y en agradecimiento le di una sonrisa y un fuerte apretón de manos que espero que le hayan dicho más que mil palabras.

Con re-renovada resignación me dispuse a esperar la media hora que faltaba para las 4 pm y caminé nuevamente hacia el parque central. Compré un chimbo con una "tía" que estaba en la esquina y me senté en una banca del parque. Estando ahí comiendo mi delicioso "chimbo", fue cuando por primera vez me percaté de lo hermoso que estaba el día a pesar de las nubes de mi "suerte" y de lo bien que se estaba en el centro de esa bonita ciudad. Aproveché la exquisita luz que el sol me regalaba para tomar las fotos que acompañan este relato cuando pueda subirlas y la deliciosa brisa invernal de Comitán para descansar un poco de la caminata y tomar algunas notas para la descripción del día tan curioso que me estaba tocando vivir.


Llegada la hora, me levanté a tomar unas fotos más y a comprar un helado y me dirigí con él en una mano, la caja en la otra y la mochila en la espalda. Llegué a la aduana y todavía tuve que esperar una media hora más porque el "funcionario" no llegaba. Cuando llegó me hizo abrir la caja y me entregó un formulario para llenar, sin siquiera dignarse a mirarme. Cuando ya estaba a punto de terminar de llenarlo abrió la caja y me preguntó que si traía factura de la computadora (una laptop). Le iba a contestar que como iba a estar cargando con la factura de la lap, si además no era mía, era de la empresa donde trabajo...etc.. pero me limité a contestarle con una sonrisa y un "no". Entonces mi funcionario-villano me dijo que sin ella simplemente no me podía sellar la caja y por consiguiente no podría enviar mi paquete a su destino y ante mi intento de razonar con el me dijo que además si se ponía un poquito más estricto me podía retener la computadora y que reglas eran reglas y que...etc..

Con re-re-renovada resignación y mientras él rompía el formulario, tomé la computadora, volví a sellar mi caja y con la mejor de mis sonrisas le dí las gracias y él con la mejor de sus muecas me contestó que "de nada". Me dispuse a caminar nuevamente hacia la salida de Comitán y cuando llegué tomé el microbus y decidí que en lugar de quedarme en Pujiltic, pasaría de largo hasta Tuxtla Gtz donde al otro día enviaría mi paquete sin problema alguno, y en donde llegando y a pesar de ser las 8 pm me daría cuenta de que el día apenas empezaba.. Pero esa, es otra historia..

Historia de la chava que creiba que la había asaltado

Cerca de mi casa vivía una chica más o menos de mi edad. Físicamente era muy atractiva: alta, bonito cuerpo, pelirroja de cabello rizado y ojos color miel. Además tenía una hermosa sonrisa que cada vez que me la topaba me hacía sonreir también.

Casi diario, muy de mañana, la veía apresurada a tomar su transporte a la Universidad. Como yo también iba siempre apresurado, lo máximo que llegamos a intercambiar es una de esas enormes sonrisas y talvez uno que otro "hola" fugaz y resbaladizo.

La verdad es que la chica me gustaba y según lo que recuerdo, yo no le era muy indiferente. Yo sabía donde vivía ella y cuando pasaba por su casa siempre la buscaba con la mirada y bromeaba de "la pelirroja" con mis amigos. Por lo visto ella también sabía donde vivía yo e incluso sabía a lo que me dedicaba.

Un día yo estaba muy tranquilo en mi casa, atendiendo en la tienda que teníamos por aquellos días. De repente entra ella y se me queda viendo con esos hermosos ojos color miel. Hechizado por su belleza (:) que exagerado soy) le sostuve la mirada, pero en esas eternas milésimas de segundo en que quise comenzar a esbozar una sonrisa, noté que su mirada no era cálida ni de ternura, sino fría y acusadora.

Debió notar mi extrañeza porque en ese momento se volteó y comenzó a balbucear algo hacia otro lado. Yo estaba francamente sorprendido con su actitud, me pasaban miles de cosas por la cabeza: "¿le habrá pasado algo?, ¿está llorando?, ¿quiere declararme su amor?".

Traté de levantarme y decirle algo como: "¿Te puedo ayudar en algo?" pero me quedé en la mera intención porque en ese momento se volvió hacía mí y comenzó el siguiente "diálogo":

- Ella: "¡Tu fuiste!"
- Yo(totalmente atónito): "¿Yo fui qué?"
- "Tú me robaste mi celular, no te hagas. Traías esa playera azul, ibas vestido así, igualito."

En ese tiempo yo casi siempre me vestía igual: Pantalón caqui dos tallas mayor a la mía, tenis y playera azul; todo eso bastante común para un chavo de mi edad en esa época. Además, su argumento era que iba así vestido igual.. bueno, todo nos vestimos de una forma y por lo regular no nos cambiamos en la mayor parte del día no? En fin, luego de sopesar todas esas consideraciones en fracciones de segundo (es increíble la velocidad de pensamiento que uno llega a desarrollar cuando se le acusa de algo, fundada o infundadamente) seguí con el "diálogo":

- "¿Yo? ¡Pero si yo he estado toda la tarde aquí, viendo el partido de las chivas!" (Argumento totalmente convincente para mí puesto que era un fanático del futbol y más de "las chivas", pero totalmente ridículo para una mujer, supongo).
- "¡Tu fuiste, me venías molestando y me tocaste y me robaste el celular y te echaste a correr!" (Me recordó a la chilindrina: "y me pateaste, y me mordiste, y, y..")
- "Claro que no, yo he estado aquí todo el día porque no hay nadie que atienda".
- "¡Voy a traer a mi papá y se te va a quitar esa cara de p"$&%/0!" (se voltea y se va).
- "¡Tráelo, me vale m4#$3&, yo no hice nada!" (con una seguridad de dientes para afuera).

Al parecer la mamá estaba en el carro esperándola y de inmediato entraron las dos a reclamarme como dos cacatúas con los mismos argumentos estúpidos y yo volví a refutárselos todos con los mismos contraargumentos estúpidos que ya había utilizado y me volvieron a amenazar con traer al papá y les volví a contestar que me lo trajeran, y al fin, se fueron.

Completamente desconcertado empecé a pensar mil cosas y a darle vueltas al asunto. Recuerdo que llegaron unas amigas que vivían cerca y les dije: "Si viene alguien a reclamarme apoyenme a decirle que yo he estado aquí..."

Al otro día cuando regresé de la escuela mi mamá me dijo que había vuelto la señora y que le había reclamado y que ella la había tranquilizado. Mi madre sin saber de que se trataba me había defendido. Pasó el tiempo y el asunto quedó olvidado. Recuerdo que un día le pregunté a un amigo por la chica y lo único que me dijo fue: "Esa vieja está loca".

Un día, estaba yo otra vez en la tienda (tenía puesto el mismo pantalón pero esta vez una playera blanca :D) cuando entró ella. Me esquivo con la mirada y me pidió algo. Fui por el artículo y se lo entregué. Por un momento me pasó por la mente preguntarle porqué había dicho aquello, si se le hizo fácil incriminarme o en fin, qué le había pasado ese día y porqué pensó que yo la había agredido. Pero me limité a poner mi cara de ofendido e indiferente y le dije el importe. Esquivando mi mirada me pagó, me dió las gracias, dibujó una mueca nada parecida a aquella deliciosa sonrisa que tenía y se fue.

La última vez que la vi fue un día en el cine, yo iba con un amigo y me dijo: "¡Mira esa chava, está buenísima!" Cuando la reconocí lo único que le dije fue: "Esa vieja está loca".

Aranel

Mañana 10 de marzo, hace tres años que terminé mi primer "cuento" y lo escribí en mi diario. Hacía otros tres años que lo había empezado pero se me había perdido, le había hecho correcciones, le había aumentado, etc. Ese día que lo escribí en mi diario estuve contento con el resultado y ahora que lo publico no tanto, pero por lo menos me siento contento de que por fin lo puedo "exorcizar" y sacar al público. Recuerdo que todo comenzó un día (hace seis años) en que no soportaba la presión de escribir algo. Mientras caminaba (o creo que fue un sueño), tuve una visión de un sol líquido, ballenas y violines. Creo que se nota esa primera parte donde solo hilvano frases sin sentido para calmar mi ansia de escribir algo y la segunda parte donde le doy un poco más de sentido a la "historia" que se fue desarrollando.

García Márquez dice que sus primeros cuentos los escribió casi con ese mismo esquema y no le gustaron para nada, y que su escritura le gustó únicamente cuando desarrolló un estilo contando cosas verdaderas, aún cuando estuvieran un poco exageradas y estilizadas por su imaginación. En fin, el hecho es que esta mañana tenía ganas de escribir algo y por casualidad abrí mi diario en la página de Aranel*, me fije en la fecha y decidí celebrarla publicándolo aquí. Espero que lo disfruten y me den sus reacciones, tomatazos, etc. ;)

*Aranel: "Princesa" en Quenya.

2 de agosto: No se que pasa con el portal donde aloje el cuento, pero de cualquier forma lo transcribo en este espacio.

Aranel

He caminado por horas y siento que no he avanzado ni un centímetro. Al menos me da la impresión de haber caminado por horas, supongo que así es en lo sueños. Asumiendo, claro, que esto es un sueño. Debe ser un sueño, de otro modo no estaría caminando en este desierto de luz.

Es el sueño más extraño pero a la vez más vívido que he tenido en mi vida. Todo parece nuevo, construido por alguien o algo. Camino sobre una arena suave y blanca y a mi lado pasan ballenas nadando, saltando y se sumergen como jugando, como si no tuvieran nada más que hacer; como si su existencia se debiera a flotar bajo el sol líquido. Maravillado, camino de la mano de la confusión, volteando en todas direcciones. A lo lejos un cuarteto de cuerdas toca una melodía dulzona y triste. Veo cascadas efímeras de gases multicolores, aves de plumajes fluorescentes que mientras vuelan van dejando estelas de polvo iridiscente. Insectos que vuelan armoniosamente formando figuras ondulantes, pequeños peces alados revoloteando acompasadamente entre las rocas brillantes como estrellas. Todo un mundo danzando en armonía, en medio de una galaxia autoconstruida. Pero lo más extraño de todo esto es que yo se que estoy soñando y estoy consciente de eso.

Me siento raro. Como si estuviera flotando en el remanso de un río de sentimientos. La tristeza es casi palpable en este lugar, todo parece sumido en una profunda nostalgia. Parece como si este meandro de sentimientos estuviera próximo a arrasar con todo en forma de cascada, lista para desembocar en un mar lleno de ilusiones y recuerdos.

Sigo caminando y sigo sin avanzar. El tiempo aquí parece colgado, detenido por una fuerza superior. La distancia es engañosa, no tengo muchos puntos de referencia. A pesar de que esto parece un desierto, no hace mucho calor. En realidad está fresco, me recuerda un amanecer. Sin embargo el sol, de un color azulado, parece a punto de ponerse. En el horizonte se dibujan unas nubes que asemejan llamas de un fuego congelado por la nostalgia que reina en el lugar.

Unas cuantas estrellas distantes se asoman en el cielo. Algunas son fugaces, blancas o doradas, y parecen dejar en su estela miles de lágrimas luminosas. Este lugar es hermoso, lleno de magia y aromas, luces y armonías, texturas y sabores; lleno de profundos sentimientos. Camino vagando bajo el sol líquido, rodeado de colores y figuras, capturando todo con la memoria. Espero recordarlo todo cuando despierte. Quisiera que hubiera alguien más que presenciara la grandeza de este espectáculo de sentimientos.

De la nostalgia paso paulatinamente a la alegría, al éxtasis. – ¡Heeeey!- grito con todas mis fuerzas. Sea lo que sea esto debe haber alguien más. – ¡Heeey!- Quisiera que hubiera algo que me guiara.

De pronto una manta raya sale de la arena debajo de mí, tirándome al suelo y se aleja volando. Una criatura hermosa, despliega su cuerpo al viento y se aleja… en seguida regresa y pasa rozándome. Dentro de mi cabeza escucho una voz que en cierta forma se me hace conocida, -Síguela- me dice la voz. No tengo opción, corro hacia donde va la manta raya.

Sin darme cuenta he atravesado el desierto y estoy en un lugar con más plantas, árboles de raíces gigantes, flores de colores inverosímiles e insectos de caparazones brillantes. La manta raya está flotando a poca distancia de mí. Con un movimiento desciende lentamente en círculos y de pronto desaparece entre los árboles con un estallido de luz.

Me dirijo hacia el lugar. No se que esperar y eso me pone nervioso. Avanzo los pocos pasos que me separan del lugar donde se posó el misterioso pez. Entro a un claro donde se respira un aire limpio y puro, el pasto es muy verde y todo brilla intensamente. Entonces la veo. Está sentada sobre el pasto, dándome la espalda.

-Hola.- Es la única palabra que puedo articular. Ella se levanta, voltea hacia mí y avanza hasta quedar justo enfrente de mí. Me deja sin aliento.

-Hola.- Me dice con una sonrisa radiante. –Soy Aranel. ¿Y tú?

-Soy… -soy…- Por alguna razón me cuesta trabajo recordar mi nombre. -…Herenvaryar.-

-¡Tu sueño es hermoso!

-Tú eres lo más hermoso de mi sueño…-, le digo, y en seguida me doy cuenta de mi atrevimiento. Me sonrojo y ella ríe con una risa clara como las gotas de lluvia, cristalina y fresca como una cascada que cae sobre las rocas. Su rostro es hermoso. Sus ojos son de un color verde oscuro, profundos como un lago; y con una luz interna tan brillante como las estrellas… Por más esfuerzos que hago no logro apartar mi mirada de sus ojos. Al fin, lo único que puedo hacer es ofrecerle torpemente el esbozo de una sonrisa.

Su cabello cae suelto sobre sus hombros. Tiene puesto un vestido blanco y está descalza. De pronto, me toma de la mano y me lleva corriendo entre los árboles. Ella ríe a cada momento. Ríe cuando ve una mariposa o si el cabello le cae en la cara; y su risa me contagia, yo también río porque nunca he sido tan feliz.

Aranel y yo recorremos mi sueño. Hablamos por horas. Ella me sorprende con su inteligencia y su forma de ver la vida tan claramente. Su gracia es opacada solamente por su belleza. A veces no hablamos, solamente vemos las estrellas sentados a la orilla del río. Por horas (¿o son días?) nos comemos el paisaje con los ojos: Las hojas de los árboles moviéndose al compás del viento dulce, el cielo amarillo en el horizonte, azul, negro en partes, las lunas que pasan escoltadas por unas nubes brillantes… Un espectáculo creado solamente por y para nosotros dos.

Sentimos la hierba en los pies mientras bailamos descalzos. Los violines comienzan a tocar un vals. Hasta los árboles parecen danzar con nosotros y los peces y las mariposas revolotean a nuestro alrededor. El vals se va terminando así como el día. El sol termina de ponerse detrás de las montañas y el cielo comienza a poblarse de telarañas de estrellas.

La melodía triste vuelve a empezar. Nos quedamos abrazados tarareando el vals. Me pierdo en los ojos de Aranel, que ahora reflejan cierta incertidumbre.

-Aranel, si esto es un sueño no quiero despertar.

Ella dibuja una sonrisa triste. Luego se moja los labios lentamente. –Herenvaryar, no digas eso. Ambos sabemos que tienes que despertar.- sus palabras están llenas de una profunda tristeza pero dichas con una enorme seguridad. La nostalgia me muerde e inmediatamente me ataca una profunda somnolencia. Todo a mi alrededor parece a la expectativa de que ocurra algo. Lo único que se escucha son los grillos con su música apacible. Y la voz de Aranel.

-Vamos, para que despiertes. Me lleva de la mano río abajo. ¿Por qué no puedo oponer resistencia? El río va perdiendo vegetación y desemboca al fin en una playa de aguas plateadas. La arena es fina y el viento es suave y fresco.

Aranel sonríe ahora, con una sonrisa que muestra la sabiduría milenaria de un ser superior y al mismo tiempo el candor de una niña pequeña. Solamente se escucha la música de las olas y los chelos, en una sinfonía dulce y melancólica. Del agua saltan delfines de piel brillante que se alejan volando. Dos lunas gemelas arden en lontananza, bailando una danza interminable y milenaria.

Aranel ríe, me toma de la mano y corre a mojarse los pies desnudos en el agua brillante, que salta espumosa y en cientos de chispas plateadas al tocar su piel. Me arrodillo frente a ella. Por un instante parece revestida de una pureza brillante, de una claridad y una transparencia que me hace entrecerrar los ojos.

Ella baila y ríe y juega con el agua, que parece que al contacto con su piel brillara y brincara con alegría. Aranel me mira y me regala la sonrisa más hermosa que pudiera ver un ser humano. Intento corresponderle pero lo único en mi rostro es una mueca que parece grosera y burda a su lado.

No puedo mantener los ojos abiertos. Ella se arrodilla a mi lado y me recuesta en sus piernas. El agua moja mi cara y mis cabellos que se mueven al compás de la música. Aranel me acaricia suavemente el rostro. Quedamente canturrea una canción suave y apacible.

Yo la admiro y mis lágrimas corren libremente hasta mezclarse con las olas. –No me quiero ir…- mi voz sale muy débil de mi boca. ¿O acaso no sale siquiera? Aranel sonríe y llora a la vez.

-Despierta-, me dice dulcemente. Un espasmo recorre todo mi cuerpo. –Despierta…- La voz de Aranel se oye lejana. Cierro mis ojos y me voy quedando dormido. Escucho la voz de las olas del mar… Otro escalofrío recorre mi cuerpo… Hago un último esfuerzo y alcanzo a ver a Aranel acercándose a mi rostro. Me besa tiernamente en la frente y me quedo dormido…

…-Despierta...-

Esta mañana desperté con lágrimas en los ojos… no recuerdo haber soñado. Solamente recuerdo un nombre: Aranel.

El primer día

Hola ex-compañeros de escuela. Hace algún tiempo escribí un relato de lo que recordaba que había sido el primer día de clases de la Universidad. Espero que lo disfruten y que ustedes también comenten como recuerdan ese día. Sin más:

Faltaban algunos minutos para las siete de la mañana de aquel lunes, así que estaba fresco aún. Subí varios escalones y busqué hasta encontrar el letrero: 'Propedéutico B'. Estaba en el segundo piso del edificio principal, un salón antes del que estaba al final. Llegué con mi recién adquirida seguridad y confianza en mi mismo.

Llevaba pantalón caqui amplio, playera verde y mis infalibles Vans color beige. Había recorrido casi toda la escuela con mi mochila al hombro y mis audífonos en las orejas. Escuchaba seguramente a The Offspring, Metallica o algo por estilo, que tanto me gustaba en esa época. Lo primero que observé al entrar fue a la guapísima chava que platicaba con sus amigas en la fila de adelante. "Esto pinta bien", pensé mientras me dirigía al fondo del salón.

Me senté en la penúltima fila, en una silla de las de en medio del salón. Observé el panorama y vi varias miradas que se alejaban de la mía bruscamente. Sonreí. Quizás era mi ropa o mi cabello ligeramente largo, más largo que el de todos ahí. Quizás era que no dejaba de escuchar mi música a pesar de que algunos intentaban hacerme plática. Volví a sonreír y cambie de canción. Me encantaba causar esa impresión.

Las clases habían comenzado y se seguían unas a otras, con intervalos de pláticas y de recorridos fugaces a la cafetería. Noté, no sin algo de desilusión, que la chava guapa no se quedaba, sino que huía a su salón al comenzar cada clase. Mucho después supe que se llamaba Leslie -supongo que así se escribe- y que vivía cerca de la casa de Irma; pero por lo pronto a mí me empezaba a gustar mucho.

El primero que habló conmigo fue Carlos. Me preguntó que si me gustaba el rock: "lo sé por tu forma de vestir". Me causó gracia y desde entonces formamos una buena trinchera basada principalmente en la música. Creo que fue cuando me dijo que si me vendía el 'Around the fur' de los Deftones, a lo que yo contesté obviamente que sí. Me cayó muy bien, me gustaba su estilo desenfadado de vestir, de hablar y en general, de ser.

Yo estaba lleno de esperanzas, muy motivado por haber pasado el examen de admisión, después de seis meses de la incertidumbre que siguió a mi fracaso en el Tecnológico Regional. Ese día me sentía muy bien, como cuando sientes que te han dado una nueva oportunidad después de haber echado a perder algo. Además el cambio de paradigma, de un salón de clases lleno de cerebros masculinos y rostros hostiles en el 'TEC', al de un salón con chicas simpáticas y camaradas buena onda, era realmente bueno.

Me gustaba aquella escuela, muchos árboles, una plazita, la cafetería cerca.. y sobre todo muchas chicas revoloteando de aquí para allá. Había un módulo de la Escuela de Lenguas en la parte más baja de la escuela, varios salones eran ocupados por licenciaturas como Administración, Contabilidad, Turismo, etc., así que en el aire había un aroma de campus de una verdadera Universidad. Además existía la leyenda de que en la tarde todo mejoraba porque había mejores chicas.

El día corría y todos hacíamos nuevos amigos. Se empezaban a formar las futuras 'bandas' como la de 'los de atrás', la de las 'matadas', etc.; aunque era difícil saber quién estaba con quién, porque recuerdo alianzas que después nos hubieran resultado extrañas como Xóchitl con Shirley, Nastllely con Bernardo y 'el fresa' con Ivonne. Recuerdo cuates que ya no veríamos terminando el semestre como 'la Tía', Domingo, 'el Loco' y muchos otros. Incluso hubo alguno que terminando la primera clase se tuvo que cambiar de salón porque le tocaba en el, posteriormente, archirrival 'Prope A'.

Toño llegó tarde ese día, como a las 11 si no me falla la memoria. Como siempre ha sido amiguero, pronto estábamos platicando de varias cosas, reconociendo el terreno y tanteando a los posibles rivales o camaradas. Terminando cada clase, era el primero en sacar los libros de la biblioteca y fotocopiarlos, así que varios nos uníamos a él.

Desde ese día los profesores nos dejaban tarea y como todos deseábamos empezar bien aquélla nueva aventura, pronto empezamos a sacar copias, preguntar por la credencial de la biblioteca, quedar de acuerdo para estudiar, preguntar a los profesores y un largo etc. La noticia de que no todos pasaríamos a 1er. semestre, nos hizo darnos cuenta de que no todo sería alegría en esa escuela. No sabíamos que esa carrera contra la eliminación nos haría sudar, llorar y nos haría sacar lo mejor y lo peor de nosotros.

El día por fin terminó. Cada quién tenía mucho que contar a su familia o amigos, así que nos fuimos retirando al medio día. Algunas seguramente pensaban 'que me pondré mañana', algunos pensábamos 'ojalá se pongan falda mañana', otros pensaban en la tarea y otros sólo en ir a comer y a dormir. Otros tomaban rumbo de su trabajo. Yo pensaba que se avecinaba un buen principio. Que era suficiente, por el primer día.

Una noche inolvidable

Era una noche fresca y muy tranquila. Llegó a su casa, apagó el coche y respiró una bocanada de aire húmedo. Estaba muy tranquilo ahí, esperando. Pasaron pocos minutos cuando ella apareció y se asomó por la ventana con su enorme sonrisa. El también sonrió. Le abrió la puerta y sin más preámbulos le entregó la rosa. Una rosa colorada que apenas se abría a la noche. Ella sonrió aún más si era posible.

No sabían a donde ir, no habían planeado nada, pero en unos minutos decidieron ir a la playa. Así que tomaron el rumbo mientras platicaban y reían. Estaban muy relajados y el iba manejando sin prisa, volteando constantemente a verla y ella le sonreía.

Al llegar a la playa se estacionaron, bajaron y comenzaron a caminar hacia las olas. Había dos sillas dispuestas como especialmente para los dos, justo a unos metros de las olas, alejadas de todas las demás. Se sentaron y comenzaron a platicar. La noche era muy clara y había muchas estrellas en el cielo. Estaban viendo los barcos que se alejaban en la oscuridad, las últimas gaviotas perdidas, las garzas con su blancura fantasmal y los cangrejos huidizos. Disfrutaban de la brisa, de los chillidos de las aves y del maravilloso espectáculo de las estrellas.

De pronto, a lo lejos en el malecón comenzaron a verse unos fuegos artificiales. Parecía una bienvenida a la playa, porque justo en ese momento comenzó a sonar una melodía agradable que provenía de una boda cercana. Los dos voltearon hacia los fuegos y sin darse cuenta ella recargó su cabeza en su pecho y el rodeó sus hombros con el brazo. Era una combinación perfecta: Las luces pirotécnicas se reflejaban en las olas, con las estrellas de fondo, la música tocando al compás del sonido de las olas y los dos abrazados disfrutando de la noche.

Cuando terminaron los juegos pirotécnicos se encontraron hablando de la estrellas, de la luna, de los viajes, de los barcos, de las olas y de la inmensidad de la vida. Así pasaron horas y horas, platicando, callando, sonriendo, pensando.

Estaban así abrazados, cuando vieron algunas personas que preparaban más fuegos artificiales. Pero esta vez estaban a unos cuantos metros de ellos. Al principio el pensó en moverse de lugar, pero ambos quedaron deslumbrados con la belleza del primer cohete. Vino uno más y después otro y así tronaron varios. Entre uno y otro se volteaban a ver incrédulos y sonreían como niños. Vinieron varios cohetes más y cuando al fin se terminaron, quedaron mudos de la impresión por un instante, y luego se abrazaron.

Se levantaron y caminaron un rato, primero por la orilla del mar y luego alejándose un poco de ella. Llegaron a un lugar solitario y permanecieron parados, viendo el espectáculo de la noche bailando con las olas del mar. La música de la boda continuaba y se hacía cada vez más romántica. Por si hubieran sido pocas las sorpresas que esa noche les había mostrado, en el horizonte cayó una estrella fugaz. Nuevamente se miraron y sonrieron, pidieron un deseo secreto y cuando abrieron los ojos se estaban besando. Siguieron viendo algunas estrellas fugaces más.

La noche se acababa y tenían que regresar. La rosa se había abierto por completo a la noche. Ellos no se querían ir, pero después de un rato lo hicieron, con el sabor en los labios de una noche inolvidable.

Acabábamos de salir del último examen de la carrera. Un examen sumamente difícil, de varias horas de duración y alto grado de complejidad. Estábamos todos en una especie de círculo, platicando y despidiéndonos, abrazándonos, algunos llorando, diciéndonos palabras de aliento, prometiéndonos no olvidarnos.

En el aire flotaba una extraña mezcla de euforia y tristeza. ¡Al fin habíamos terminado la carrera!, pero no nos volveríamos a ver nunca o al menos esa era la sensación que teníamos todos.

En eso me desperté. Pero lo extraño no fue el sueño en si, sino que me levanté con una horrible sensación de no saber en donde estaba. Sabía que todo lo había soñado, pero sentía como si fuera real y peor aún, como si lo hubiera vivido el día anterior y ahora estuviera en un lugar extraño, desconocido.

No lograba recordar en que lugar había dormido y no reconocía nada de mi cuarto. Todavía estaba oscuro, pero empezaba a aclarar en el horizonte y tuve que ver mi teléfono para saber la fecha y la hora.

Al fin logré espabilarme y recordar que estaba en mi cuarto, en Tampico. Pero aún estaba sumido en una profunda confusión. Sentía como si los tres años que pasaron desde que me gradué hasta ese día nunca hubieran pasado.

Me bañé y me cambié como en piloto automático y mientras manejaba a mi trabajo me puse a pensar que nunca me despedí de mis amigos como se debe, que no sé si volveré a ver a muchos de ellos y que ahora que veo en perspectiva, parece como si hubiera pasado toda una vida desde que estaba en la universidad.

Llegué a la oficina y la rutina diaria terminó de devolverme a la realidad. Todo ese día me sentí nostálgico. De repente recordé lo que me dijo una señora una vez: "La vida es como una cerveza, es amarga... pero que sabrosa es".

Me puse a trabajar y continué con mi vida..

Una tarde triste en Tuxtla

Y ASÍ REMAMOS NUESTROS BOTES CONTRA LA CORRIENTE, AVANZAMOS INCESANTEMENTE HACIA EL PASADO.”
F. SCOTT FITZGERALD

Bueno, algún día lo tenía que hacer. Exorcizar esos demonios como dice García Márquez. Entonces publiqué un pequeño relato que hice hace casi dos años en una tarde triste y solitaria. No es gran cosa, solamente se trata de la descripción de aquella tarde, pero tiene algo que me gusta y es que en realidad pasó, y cuando lo estaba viviendo puse mucha atención a los detalles, utilicé los 5 sentidos, aspiré, toqué, escuché, degusté y sobre todo observé muy bien lo que pasaba a mi alrededor y creo que eso es lo especial que tiene este relato, que traté de describir muy bien el sentimiento por el que estaba pasando. Repito, no es gran cosa, pero es algo, es un comienzo.

5 de agosto, 2008: Parece que el servidor donde lo publiqué no responde, no se si temporal o permanentemente. Así que lo transcribo aquí.

Una tarde triste en Tuxtla

Miércoles 15 de junio de 2005. 7:00 PM. Nada en la TV. Nada que hacer. Bueno, estudiar para mi examen, hacer el aseo, recoger mi ropa. Tal vez incluso hablar por teléfono con alguien. ¿Por qué no?, tengo muchos amigos.


Repito en mi mente, nada que hacer. En el canal 10 hay un programa del parque de la marimba. La orquesta tocando, la gente bailando, todo se ve muy bien. Me gustaría estar ahí. Decido salir a caminar, no es el parque pero la colonia donde vivo es bonita.

Tomo mis llaves, le escribo un mensaje a Ana donde le digo que estoy triste y salgo de mi casa. Camino por la calle Paris, hacia el sol poniente. Llego al boulevard La Salle y doy vuelta a la izquierda. A mi derecha el sol rojo casi se pone y las nubes se iluminan en muchos colores. Azul, violeta, naranja, amarillo, gris, blanco. Contra ellas se recorta un flamboyán luciendo sus flores de color rojo brillante. Sigo caminando y el viento me golpea con su hálito de nostalgia. Llego a donde estaba la tienda del “Jero”. Ahí fumé mis primeros cigarrillos. Ahora es un video. Ya no significa nada para mí.

Recibo la contestación de Ana con entusiasmo, solo para ver que me contesta con cierta simpleza. Borro el mensaje mientras avanzo. Llego a la calle Versalles. Cuántos recuerdos. A la izquierda, a lo lejos, observo el canal que divide la segunda de la tercera sección del fraccionamiento.

Continúo avanzando por el boulevard que se prolonga hasta una pendiente algo pronunciada. Llego a la cale Cannes y doy vuelta a la izquierda. Cruzo dos calles y llego al canal. Lo cruzo también por un pequeño puente y doy vuelta a la izquierda. Avanzo unos metros y vuelvo a cruzar el canal en dirección opuesta. Doy vuelta a la derecha y llego a la Versalles. El viejo lugar de reunión. Me siento en el canal deseando tener un cigarro. De pronto lo recuerdo, ya no fumo.

Alrededor la gente se ve feliz, ocupada. Algunos lavan sus autos, otros barren, otros pasean. Los niños juegan, los novios ríen, los chavos platican. Todo es como siempre, nada ha cambiado. Pero todo es diferente. Yo soy el que está fuera de lugar. Yo vivo la fantasía de que ahora es 7 años atrás. A mi lado, el viejo árbol de mango, tan nuevo con sus hojas verdes. Detrás de mí, el agua corre por el viejo canal, limpia y diáfana.

Deseo que vinieran mis amigos. Como antes, a esta hora llegaban. Orozco, “Rata”, Zambra, “Chile”, mi hermano Mauricio, Benja, Derlin, Domingo, Candy, Cristina. Hasta si viniera Miguel me sentiría contento. El único que llega es el viento, con su olor a recuerdos. El viento suave, como arrastrando la melancolía, como envolviéndome en nostalgia pura. No se cuánto tiempo estoy ahí, sentado sin hacer nada. Recordando.

Finalmente me levanto y camino una vez más al poniente. Paso por la casa de mi cuate “Rata”. Reprimo el impulso de tocar su timbre. Debe estar ocupado. Trabajando. Haciendo sus cosas interesantes. Sigo caminando. Me pasa lo mismo en la casa de Cristina. Llego al boulevard y doy vuelta a la derecha. Veo dos negocios nuevos, una escuela para niños que no estaba. Todo es felicidad. Escucho risas, música, pájaros, autos pasando. Yo soy el que está fuera de lugar. Camino con mi mano izquierda en el bolsillo como si no hubieran pasado 7 años. Mis jeans son más ajustados, mi playera es más corta y más formal. Pero yo me siento como de 18 años. Solamente falta el cigarro en la mano derecha.

Un mensaje de Ana me devuelve a la realidad. Guardo el teléfono. Llego otra vez al video nuevo. Paso por el ciber, no tan nuevo. Veo las nubes a mi izquierda, ahora todas grises sobre el cielo amarillento con los últimos rayos del sol. El flamboyán aun orgulloso con sus flores. Llego a la calle Paris y doy vuelta a la derecha.

Llego a mi casa. Oscura, vacía, solitaria. Abro, enciendo la luz y el ventilador. Voy por un vaso con agua. Tomo el rollo de papel para escribir. Lo extiendo y comienzo a reconstruir todo. Tengo que ver mi teléfono para saber la fecha y el año. Hace tres párrafos recibí llamada de Ana, pero no le contesté.

Voy terminando. Veo hacia la ventana, la calle vacía y triste. Aquí no estoy fuera de lugar. Estoy tristemente en mi propio mundo. Decido ir al ciber a bajar una información. Debo continuar con mi vida. Espero que cuando salga, el viento no lleve hacia mí el olor de los recuerdos.

Debo estudiar, pero no puedo. Necesito a mi Ana, a mis papás, a mis amigos. Descuelgo el teléfono para ver si tengo mensajes. Sonrío tristemente, vana esperanza. 8:45 PM. Debo estudiar. Debo continuar mi vida.

"..ya se acabó el año" o de como aprovechar los últimos días

Hola mis amigos (bueno, hola marco porque eres el único que me lee -por ahora-). El día de hoy es el quinto del nuevo año y hasta ahora tengo oportunidad de contar lo que me pasó en los últimos días del año que quedó atrás.
Recuerdo que una compañera del trabajo me dijo un día del mes de noviembre, mientras me mostraba el calendario: "mira, ya se acabó el año". Yo le respondí con una de mis frases de señor: "todavía falta un mes y medio y muchas cosas por hacer", y yo mismo no tenía idea de cuanto tendrían de cierto esas palabras..

El caso es que en la misma semana me tuve que ir a Tamazula, Jalisco a hacer un pograma express en el ingenio, luego a Guadalajara a un seminario, luego de regreso a Tampico y en menos de una semana de estar en Tampico me tuve que ir a Cuautla, Morelos por tres semanas, las últimas del año. Así que en ese mes y medio aprendí muchísimo y sobre todo cosas que nunca me imagine aprender, como a hacer una interface entre un PLC y una PC (luego les platico que es eso).
El último día del año viajé a Tuxtla, la bella (un apodo que le puso mi cuate Sergio y que me gustó mucho), en otro de los hitos en mi vida, puesto que yo nunca había viajado en avión y ahora tuve la oportunidad y la necesidad de hacerlo.
Me había acostado a las 2 de la mañana después de un larguísimo día de trabajo y de 4 chelas invitadas por mi jefe y me tenía que levantar a las 4 para tomar el autobús de Cuautla al D.F. Me levanté media hora más tarde pero alcancé todavía el camión de las 5.30 y a esa hora viajé entre sueños y visiones de volcanes con capas de nubes, recortados contra el cielo apenas clareando y coronados por estrellas tardías rehusadas a desaparecer. Llegué a las 7.30 a la central TAPO y de ahí tomé un taxi al aeropuerto, donde por poco me deja el avión, cuyo boleto compré con la ayuda de mi amiga paty por internet. Después de estarme voceando por varios minutos aparecí en la sala y abordé.
El viaje fue fantástico, yo estaba impresionado viendo como la ciudad más grande del mundo se hacía más pequeña que el enorme monstruo volador en el que yo estaba sentado! Después sentí el vértigo de estar a más de 30, 000 m de altura y de estar chocando contra las nubes lanzadas por las corrientes de aire y un poco después, acostumbrado a viajar por horas en carretera, sentí la felicidad de ver el verdor que solo mi estado tiene y casi lloré de alegría al aterrizar en mi bella ciudad, bueno a unos kilómetros de ella, después de dos años de no visitarla.
Sentí el verdadero contraste entre la terrible tristeza y soledad que significó el haber pasado Navidad trabajando y la inmensa alegría que significa estar con mi familia compartiendo los alimentos, las pláticas y por qué no? unas buenas copas hasta las 4 de la mañana.
Y cuando llegó el día de regresar, contento de ver nuevas cosas en mi ciudad, de haber compartido buenos momentos con mis primos y familiares, de sentir por primera vez en mucho tiempo que estaba con mi gente, no me importó viajar de nuevo en avión, ahora a Toluca, platicar con un niño de imaginación exagerada y casi no entender lo que decía mientras veía la luna no hacia arriba sino hacia un lado del avión, llegar a Toluca a 10 grados centígrados y que mi chamarra se hubiera quedado en lo más recóndito de mi maleta y yo sin navaja o tijeras para cortar el cincho, tomar un transporte al D.F., conocer la plaza Polanco, tomar un taxi que me cobró 90 pesos de ahí a la central del norte, llegar barrido a abordar mi autobús no sin antes atreverme todavía a comprar una empanada de mole verde y en fin, viajar toda la noche, llegar a Tampico hermoso y manejar en mi camioneta hasta mi oficina, donde me esperaba la misma antipatía y el mismo aburrimiento del que ya me estaba cansando y todavía trabajar otras 12 horas y saliendo no poder visitar a mi novia porque ella todavía estaba de vacaciones......
......y digo que no me importó porque siento que este inicio de año fue genial, recuperé y recargué energías y me siento muy bien conmigo mismo después de que a finales del año pasado viaje e hice tanto y a principios de este seguiré viajando y haciendo otro tanto. Espero que este año nuevo también ustedes se puedan sentir tan bien como yo y que todo lo que emprendan sea bueno y para bendición de sus vidas. Salud y feliz año nuevo!!!