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Salmos 23:5
Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando.


Hace dos años mi familia sufrió un revés bastante doloroso. Desde entonces hemos vivido tantas cosas, tanto buenas como malas, que me haría falta otro blog solamente para hablar de eso. Ayer recibí una llamada en la que mi padre me dió la noticia de que todo eso se acabó y que se le había restituido lo que le habían robado. Me dió tanto gusto que hoy voy a viajar 130 km solamente para verlo y darle un abrazo. Y para planear con él lo que sigue. Me lo imagino así, sentado en la mesa, sus enemigos viéndolo y él tomándose esa copa rebosante y comiéndose ese banquete que Dios le aderezó.. :)

La madre del Gobierno

“Un día traté de convencerlos de que se fueran a otro lugar, donde la tierra fuera buena. ‘¡Vámonos de aquí! -les dije-. No faltará modo de acomodarnos en alguna parte. El Gobierno nos ayudará.’

“Ellos me oyeron, sin parpadear, mirándome desde el fondo de sus ojos, de los que sólo se asomaba una lucecita allá muy adentro.

“-¿Dices que el Gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú no conoces al Gobierno?

“Les dije que sí.

“-También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre del Gobierno.

“Yo les dije que era la Patria. Ellos movieron la cabeza diciendo que no. Y se rieron. Fue la única vez que he visto reír a la gente de Luvina. Pelaron los dientes molenques y me dijeron que no, que el Gobierno no tenía madre.❞

Lo que pienso del gobierno me lo plagió hace más de 50 años el señor Juan Rulfo en el cuento Luvina, de su libro El llano en llamas.