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Acabábamos de salir del último examen de la carrera. Un examen sumamente difícil, de varias horas de duración y alto grado de complejidad. Estábamos todos en una especie de círculo, platicando y despidiéndonos, abrazándonos, algunos llorando, diciéndonos palabras de aliento, prometiéndonos no olvidarnos.

En el aire flotaba una extraña mezcla de euforia y tristeza. ¡Al fin habíamos terminado la carrera!, pero no nos volveríamos a ver nunca o al menos esa era la sensación que teníamos todos.

En eso me desperté. Pero lo extraño no fue el sueño en si, sino que me levanté con una horrible sensación de no saber en donde estaba. Sabía que todo lo había soñado, pero sentía como si fuera real y peor aún, como si lo hubiera vivido el día anterior y ahora estuviera en un lugar extraño, desconocido.

No lograba recordar en que lugar había dormido y no reconocía nada de mi cuarto. Todavía estaba oscuro, pero empezaba a aclarar en el horizonte y tuve que ver mi teléfono para saber la fecha y la hora.

Al fin logré espabilarme y recordar que estaba en mi cuarto, en Tampico. Pero aún estaba sumido en una profunda confusión. Sentía como si los tres años que pasaron desde que me gradué hasta ese día nunca hubieran pasado.

Me bañé y me cambié como en piloto automático y mientras manejaba a mi trabajo me puse a pensar que nunca me despedí de mis amigos como se debe, que no sé si volveré a ver a muchos de ellos y que ahora que veo en perspectiva, parece como si hubiera pasado toda una vida desde que estaba en la universidad.

Llegué a la oficina y la rutina diaria terminó de devolverme a la realidad. Todo ese día me sentí nostálgico. De repente recordé lo que me dijo una señora una vez: "La vida es como una cerveza, es amarga... pero que sabrosa es".

Me puse a trabajar y continué con mi vida..

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Hola.. aprovecho para darle la bienvenida a varios amigos que he invitado a mi blog. Los invito a ver las nuevas fotos de la huasteca potosina y de la ciudad de San Luis Potosí Ciao!

22 de julio: También hay algunas de Xalapa ;)

Mi blog vale $0.00



Ahora resulta que mi blog vale $0.00. Bueno, yo no me lo creo. Mi blog vale muchísimo más, por lo menos para mí. Aunque ese valor no comprenda ni un solo dólar. Mi blog vale desvelos, buenas fotos, buenas anécdotas, muy buenos recuerdos. Así que espero que mi blog siga valiendo $0.00.

Donde irá a parar este mundo en el que hasta los blogs tienen un precio monetario..